12/10/2021

SITUACIÓN DE LA IZQUIERDA




La nueva transformación ideológica de IU


En la pasada reunión de la Coordinadora Federal de IU (celebrada el 12 de noviembre último) la dirección de Alberto Garzón presentó un documento llamado “Guía de Comunidad” que constituye uno de los cambios ideológicos más importante que puede sufrir la práctica política de una organización que aspira a construir una sociedad socialista, tal como se define IU. Este artículo constituye una valoración crítica de esa propuesta y el apunte de una alternativa.



José Antonio García Rubio, 
miembro de la Coordinadora Federal de IU

La propuesta presentada por la Dirección de IU sustituye el pensamiento científico del materialismo histórico y también la dialéctica, en su condición de fundamentos teóricos y metodológicos de la acción transformadora, por los presupuestos filosóficos y sociológicos del positivismo estadounidense que se desarrolla en sociología a partir del primer tercio del siglo XIX con el surgimiento de las teorías sobre dinámica de grupos. Estas teorías y sus técnicas nacen como consecuencia de la crisis capitalista de 1929 y se orientan hacia la satisfacción de necesidades de reconocimiento y satisfacción personal dentro de un grupo (en parte, como formas de evitar las consecuencias psicológicas de la crisis) como clara alternativa al trabajo por el cambio y la transformación social. No se preocupan del objetivo del grupo sino de que las personas se sientan, utilizando una expresión “moderna”, en su zona de confort. Además, muchas de estas técnicas se han utilizado como terapia en las sociedades capitalistas. Sus teóricos las definen como actividades en las que las personas se implican para mejorar sus relaciones.

Fiesta de IU en Zamora
A pesar de que sus defensores en IU se esfuerzan por hacerlas aparecer como instrumentos ”actuales”, frente a las herramientas clásicas utilizadas por las organizaciones obreras, su “actualidad”, como hemos visto, se remonta a casi 100 años, concretamente a la década de los años 30 del siglo pasado. Por tanto, sólo son más jóvenes en unos pocos años que la constitución de los Partidos Comunistas, las organizaciones que hicieron suya la metodología marxista. Y es relevante que ese importante cambio ideológico se proponga ahora desde el interior de cierta parte del pensamiento que se dice de izquierdas.

Porque se trata de utilizar un nuevo método para conocer la realidad y tomar colectivamente las decisiones que permitan transformarla.

12/09/2021

UNIDAD DE LA IZQUIERDA

 



La unidad de la izquierda, asignatura pendiente



Ramón Utrera

La historia de las alianzas o de las confluencias de la izquierda es tan vieja como la misma izquierda. Casi no ha habido periodo ni lugar en Occidente en el que no se estuviera produciendo algún proceso al respecto. La izquierda suele estar siempre embarcada en algún proceso de unificación de fuerzas, pero casi siempre con un reto electoral inminente en el horizonte. Curiosamente la derecha no es tan partidaria de procesos similares, y cuando los hace suele ser menos ambiciosa y mucho menos expresiva; pero el hecho real es que, salvo contadas excepciones, como la actual en España, su “oferta” electoral suele ser mucho más reducida en cuanto al número de opciones. Sea de cara a un proceso electoral o de cara a algún problema, amenaza u oportunidad la derecha suele llegar a acuerdos más fácilmente y sobre todo más duraderos que la izquierda. Esta suele presentarse a las citas electorales en algún tipo de alianza o confluencia. Si el efecto final es positivo dura más, y si es negativo rápidamente empieza a resquebrajarse. Normalmente la aproximación suele ser sólo programática y a menudo sólo para listas electorales. Cuando los votos vuelven la espalda las diferencias ideológicas rebrotan con fuerza, y sobre todo se evidencia que el proceso unitario estaba en realidad cogido con alfileres y con demasiadas prisas. Por no hablar por supuesto del rosario habitual de grupúsculos, sin ánimo de menosprecio, pero todos con denominaciones altisonantes y ambiciosas, que suelen pulular en la vida política española.


La historia de la izquierda tiene tantas páginas de unificaciones, alianzas y confluencias como de divisiones, escisiones, expulsiones, rupturas y marginaciones, y a veces hasta de auténticas guerras fraternales. El enconamiento de las luchas internas no tiene nada que envidiar en su dureza al del afrontado con los enemigos políticos naturales. La experiencia de la URSS es sin duda el mejor exponente histórico. ¿Todos los casos son explicables en términos de herejías ideológicas? ¿Las diferencias son tales que justifican el grado de animadversión y hasta de violencia que se suele o se ha solido producir? ¿Por qué esa inquina hacia el que hasta hace poco era un compañero de filas o hacia quien en principio persigue un objetivo similar al nuestro? ¿Siempre se trata de traidores o corrompidos? Este fracaso histórico anida en muchas contradicciones.

La primera contradicción que podría saltar a la vista sería la de la incoherencia entre el mensaje de dialogo y democracia interna y el resultado patético para el objeto de los debates. No basta con respetar la integridad física del discrepante, ni con admitir su presencia o su turno de palabra; habría que escucharle, que estudiar su análisis o su propuesta, y en algunos casos hasta admitir parte de su aportación o toda. Por el contrario, lo habitual suele ser que si se le llega a permitir que la exponga -a veces gracias a cuotas de participación que sirven más bien para glorificar la imagen abierta de la mayoría, del establishment o del poder del aparato- no se la escucha, o no se la debate, o no se la acepta; sobre todo por razones subjetivas respecto al proponente. La ortodoxia de las ideas y la limpieza de sangre ideológica surge como un filtro intraspasable; pero que tiene poco que ver con los valores de ética política que debería proponer una fuerza política revolucionaria. ¿Tal vez los valores que nos gustaría que se asumieran en la convivencia política de nuestra sociedad no deberían imperar en la convivencia política de nuestras organizaciones? Por supuesto de una manera profunda y no formal; es decir, que deberían anidar en nuestras conciencias individuales y colectivas. ¿Qué hay en nuestros principios, nuestros métodos, nuestros análisis, o nuestras propuestas que no pueda y no deba ser objeto de debate, de análisis y de cambio? ¿Cuál ha de ser la esencia última de nuestra identidad ideológica? ¿Y que pasó del valor de la tolerancia que tantas veces echamos en falta en la dictadura y después en la derecha?

La segunda contradicción es la de la pluralidad. Primero porque es un valor que se defiende para la sociedad a la que se aspira en todos los textos y eventos, y por tanto es lógico que funcione previamente también en los instrumentos para lograrla. Y segundo porque la propia idea de buscar coaliciones, alianzas o confluencias implica lógicamente la convivencia de diferentes perspectivas, y cuanto más grande y amplia sean más aún. ¿O es que se trata sólo de un proceso que en el fondo entraña una conversión a medio plazo? Los dogmas, los símbolos, las vacas sagradas, las ideas y personas no cuestionables, si son demasiadas, muy frecuentes o/y muy rígidas acabarán produciendo fricciones. Una cierta flexibilidad y sobre todo unas líneas rojas muy meditadas han de ser ineludibles si se quiere que el proceso unitario sea amplio. La diversidad o se la admite con todas sus consecuencias o no se la admite, pero aparentarla no funciona.

La tercera contradicción es que el mensaje de una fuerza progresista frente a una conservadora es el del cambio, el de una revolución que supere la ideología dominante; sin embargo, a menudo la actitud en las fuerzas responsables de este es que la propia filosofía no tiene cabida en ellas mismas; generalmente tanto el proyecto como el instrumento no son cuestionables o son poco cuestionables. Es decir, antes de alcanzar sus objetivos la propia izquierda, ya evidencia algunos tics inmovilistas. Y por otro lado, ¿no sería lógico que una fuerza progresista planteara un modelo de propensión continua al cambio? Eso no significa que haya que estar cambiando cosas por el hecho de cambiarlas o por presión electoral o inconscientemente, eso implica mostrar constantemente la capacidad de admitir la confrontación sincera de ideas sin pensar que por eso se pone en riesgo la alternativa que se defiende, y entender que incluso hasta la fortalece.

Es elocuente e irritante el contraste entre una derecha que no alardea, pero que muestra una cohesión envidiable en las citas electorales y en los momentos cruciales, y una izquierda inmersa permanentemente en procesos de unión y ruptura con nombres grandilocuentes y pretensiones maximalistas que suelen acabar en decepciones duras. Tal vez todos esos valores democráticos progresistas que reivindicamos como ideales y para la propia sociedad en que vivimos deberíamos empezar a practicarlos con más coherencia y convicción en nuestras organizaciones y espacios de convergencia, por nosotros mismos y por que esa sociedad que queremos ganarnos para nuestra causa nos está viendo.


INTERINOS

 

Interinos

  Antonio Quirce Garrido

En España tenemos una cifra de interinos y temporales entre 625.000 y 800.000, que en muchos departamentos de las diversas administraciones superan el 25%. Podemos contrastar esta situación con el proyecto del Gobierno de poner como tope de temporales en las empresas el 15%.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? La insuficiencia de los presupuestos dedicados a los servicios públicos por parte de los diversos gobiernos, agravado en los últimos tiempos por las sucesivas crisis económicas, especialmente con los decretos de Rajoy sobre reposición de plantillas.

Una situación adornada por dos mantras repetitivos: hacer más con menos y las crisis son tiempo de oportunidades. El primero es claro: sobrecargar y explotar más a los trabajadores. En la realidad supuso también una gran merma en la cantidad de los servicios prestados a los ciudadanos. El segundo también, no hay más que observar el revoloteo de los buitres en torno a las ruinas del sector público.

No es la primera vez qué se producen hechos similares, desde los primeros gobiernos de la transición han tenido lugar situaciones similares y se han resuelto con convocatorias enfocadas hacia los interinos. ¿Cuál es la diferencia con las condiciones actuales? El acuerdo firmado por el PP, CC.OO., U.G.T. y C.S.I.F. suponía la convocatoria más dura para los interinos, al resolver un concurso oposición, con la fase oposición eliminatoria, lo que, en la práctica, supone convocatorias libres. Se hizo incluso sin acogerse al modelo de las convocatorias de los primeros años 90, hechas según las condiciones impuestas por sentencia del Tribunal Constitucional. El Decreto Iceta continuó en la línea marcada por el PP, pero los hechos acaecidos supusieron la imposibilidad de su tramitación: el veto, entre otros, de los partidos nacionalistas canarios, catalanes y vascos, las movilizaciones de los interinos, al margen de los sindicatos, y la sentencia del T.J.U.E. declarando la situación en fraude de ley de temporales e interinos y obligando al Gobierno a su estabilización o, en su caso, una indemnización justa y disuasoria.

El resultado es el decreto ley Montero, aprobado después de pactos con los partidos vascos y el socio minoritario del Gobierno. Un resultado que no logra el aval de los interinos y de seguir así acabará otra vez en el T.J.U.E.

 Se fija la estabilidad, arbitrariamente, de los interinos que lleven cinco años en su puesto, aquí tenemos un enorme escollo. Primero los tribunales españoles ya empiezan a dictar sentencias a favor de la estabilidad de los trabajadores temporales, no interinos, qué acrediten tres años en su puesto, de acuerdo con las leyes laborales. Segundo, éste decreto deja fuera a una gran masa de interinos, los pertenecientes sobre todo a enseñanza y en menor cuantía sanidad; hay interinos con más de veinte años de antigüedad qué no pueden acreditar esos cinco años de fijeza en el mismo puesto, son contratos anuales, con un destino diferente cada año.

Son increíbles estas posturas en la situación actual, por lo visto, incluso en la tramitación de este Decreto, no son impedimentos legales sino una cerrazón en una línea, un posicionamiento, que vemos permea tanto a Gobiernos conservadores como progresistas. Veamos varios hechos qué no tienen justificación:

En Educación, ahora mismo, el estado está pagando directamente a miles de docentes de la enseñanza concertada utilizando el eufemismo del pago delegado, docentes que no han pasado ningún proceso público de selección.

En Sanidad tenemos un muy grave problema de falta de médicos en prácticamente todas las especialidades, con o sin oposición, hagamos notar por ejemplo el colapso de atención primaria. Un contraste con los 3.000 facultativos que tramitan todos los años la licencia para trabajar en el extranjero.

En muchos cuerpos de funcionarios la edad media de los mismos es elevada y presentan graves carencia de personal, salvo los cuerpos policiales,

No podemos mirar para otro lado ante la tremenda injusticia que se está llevando a cabo con los interinos, llevan muchos años de experiencia profesional sin qué su patrón, la Administración, les haya sancionado o echado por incumplimiento de sus obligaciones. No podemos echarles las culpas de las ineficiencias de las sucesivas Administraciones políticas, qué se ha ahorrado dinero, qué ha maquillado déficits de cuentas públicas con ellos, con un manejo de los servicios públicos en plan chiringuito privado, siendo la Administración el principal foco de trabajo precario.

Como se comentaba al principio, es un proceso no entendible, si no pensamos en un proceso de privatizaciones, externalizando servicios y dejando al sector público como mero prestador de las atenciones mínimas al ciudadano, a semejanza de los modelos anglosajones, especialmente el estadounidense, dentro del ataque brutal del neoliberalismo para conseguir nuevos nuevos nichos de negocios. Como decía un presidente de Gobierno ¿Qué más da qué el gato sea blanco o negro? El caso es que cace ratones.