4/26/2021

TEMAS PARA DEBATE: VOX (3)

 VOX y los espejos del Callejón del Gato

Antonio Quirce Garrido

VOX ha venido para quedarse, nos ha sorprendido su irrupción en nuestra política, pero éramos casi la excepción europea en no contar con un partido de ultraderecha fuerte, a lo mejor nos planteábamos candidaturas en el entorno de Falange y grupos nazis, pero el impulso ha salido de la cueva dónde se habían escondido durante la transición, el PP. De los entornos de Mayor Oreja, Vidal Cuadras, Esperanza Aguirre surgen las ideas, de los viejos franquistas, de la ultraderecha católica… De ese caldo de cultivo surgen los actuales dirigentes con Abascal a la cabeza.

Creado en 2013, no tiene réditos electorales hasta 2018, ¿qué ocurre este año? Varias razones:

El desfondamiento electoral y organizativo del PP con el consiguiente paso de buena parte de la ultraderecha agazapada en él a VOX

El apoyo por una parte del sistema a la creación de una alternativa autoritaria.

El apoyo de una internacional fascista consolidada.

Una realidad social precaria a la cual ni el sistema ni nosotros aportamos soluciones.
Cuando tuvieron una irrupción explosiva en las elecciones andaluzas, el análisis post electoral llegó a la conclusión qué habían sacado su mayor número de votos, incluso triunfado, en municipios o lugares de alto nivel de renta y en municipios con un alto nivel de inmigración, por ejemplo, en la zona agrícola de Almería. No hubo una reflexión sobre este hecho. Por parte del sistema, sometido a las élites fácticas, por supuesto, éstas no tienen en sus genes dar soluciones. Por parte nuestra tampoco supimos o quisimos afrontar el problema. Las siguientes elecciones confirmaron esta irrupción; la última, Cataluña, dónde sacaron más votos qué ECP en el cinturón rojo de Barcelona.

Lo qué debemos preguntarnos es ¿Cuántos votos de las derechas pertenecen a sectores proclives históricamente a votar izquierda? ¿los votos de VOX provienen del PP?

Antes de responder a estos interrogantes debemos ver, aunque sea de forma esquemática, nuestra realidad social, la realidad diaria que soportan sobre todo las barriadas obreras:

Situación económica:

- Somos el país de la UE dónde más ha aumentado la desigualdad de renta entre clases, aunque esté fuera, sólo por debajo de Inglaterra.

- El país con más precariedad laboral, hasta en los empleados públicos, más de 800.000 interinos. Situación qué ampara contratos leoninos.

- Lideramos la tasa de paro en la UE, con un índice de paro juvenil del 34%

- Estaremos en torno al 20% del PIB en economía sumergida, esto implica también trabajo en negro, horas extras no pagadas, incluso sin alta en la SS.

Situación social:

- Somos del grupo de estados campeones en consumo de pornografía, hachís, coca…

- Somos el tercer país de la UE en escuelas gueto.

- Las prestaciones sociales están por debajo de la media europea.

- Los jóvenes tienen difícil emanciparse y formar una familia.

- Tenemos un millón y medio de emigrantes, aumentando con las crisis y con un número elevado de técnicos y universitarios.

- Una consecuencia de este modelo neoliberal a tope es la baja natalidad

Son unas breves pinceladas, pero si no tenemos una comprensión de la sociedad en la cual nos movemos, difícilmente podremos actuar.

Este es la sociedad actual, una sociedad gris, opresora, bajo el marco del neoliberalismo y la globalización. Un neoliberalismo sin fronteras ni cortapisas, con un enriquecimiento obsceno del 1% de la población mundial, un neoliberalismo qué ha encontrado en el tercer mundo el ejército industrial de reserva necesario para crearlo o aumentarlo también en el primer mundo, con un nivel permanente de desempleo, con una población obrera dependiente de un salario para su pervivencia, creando una precariedad laboral.

Una sociedad a la qué se van quitando a dentelladas su estado de bienestar y recortando sus libertades civiles, se va a un estado cada vez más autoritario y represor. Por desgracia, estas ideas no son sólo patrimonio del neofascismo, también las practican las élites políticas y económicas, incluida una buena parte del socialismo liberal.

Permitidme qué os relate tres hechos o anécdotas personales:

En la primera estando de espera en un mercado, un empresario de una ciudad de provincias le decía a su interlocutor, ahora puedes despedir a un trabajador cuando quieras, mientras hacía el gesto de pegar una patada a un perro.

La segunda fue una conversación con Cayo Lara, dónde éste comentó, a principios del mandato de Rajoy, qué un miembro del Gobierno le preguntó cuál sería la postura de IU ante la enorme crisis de parados qué se avecinaba. Él contestó qué IU se movilizaría.

La tercera, también durante el primer mandado de Rajoy, en una conferencia de un policía progresista, éste manifestó qué se había aumentado el presupuesto en material antidisturbios.

Ya vamos hacia el final del artículo y prácticamente no se ha hablado del VOX y la ultraderecha, pero creo qué sin los apuntes anteriores no se llegará a profundizar en el verdadero peligro de la ultraderecha.

Durante los felices años 20, qué no fueron tan felices, la sociedad, sobre todo la clase media se polarizó en dos caminos rupturistas, el comunismo y el fascismo, éste último apoyado por el capital y los poderes fácticos. Estamos en una crisis global de civilización y el fascismo sigue siendo el recurso último menos amable del capital.

VOX está en el principio de lo qué puede llegar a ser, el panorama gris descrito antes, oprime sobre todo a los trabajadores y la clase media baja: salarios bajos, precariedad desempleo, depender de la caridad, no tener perspectivas de futuro, desilusión y pérdida de credibilidad de las izquierdas, desde el PSOE a IU pasando por el descrédito de los sindicatos, hacen qué la ultraderecha y una derecha, qué muchas veces se diferencia poco de ella, puedan y vayan ganando posiciones en esa gran masa de desfavorecidos, de escupidos sociales.

Ya basta de plantear las soluciones en plan anti, en qué se llene la boca de proclamas antifascistas, de manifestaciones o contramanifestaciones, sin ver qué el fascismo sube a lomos de las medidas del sistema. ¿Cómo podemos culpar de su voto a la gente de estas barriadas qué viven en sus carnes el paro, la mala calidad de vida, los malos servicios públicos, la delincuencia, los roces de la integración de la emigración…?

Ya basta de qué los ministros babeen proclamas de macroeconomía, aumento del PIB, recuperar la producción… Hay qué hablar de la microeconomía, del salario, de las condiciones de vida de toda la población, de servicios públicos, educación, apoyo socioeconómico a los desfavorecidos, integración efectiva de inmigrantes y minorías étnicas… Hay qué plantear una alternativa de sociedad creíble.

¿Qué podemos y debemos hacer la izquierda? Estamos en una larga y profunda crisis y me voy a referir a mí, a nuestra izquierda, la de orientación marxista. Nosotros nos movemos con un enorme elefante en medio de nuestra habitación. Desde la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética los partidos comunistas occidentales también hemos colapsado, unos desaparecidos, el PCI; otros muy disminuidos cómo el PCE, lo cierto es qué en la actualidad perdemos la batalla ideológica, la confrontación de ideas. Hemos perdido la capacidad de acción. Nosotros, el PCE en concreto, lleva una larga historia de guerras internas, de banderías e intereses entre las cúpulas dirigentes, de debates sustraídos a las bases… Hasta aquí hemos llegado, el PCE tiene un largo y gran patrimonio teórico y social cómo para retomar el volver a ser punta de lanza de las clases desfavorecidas, de plantear una alternativa social, pero este no es un camino a corto plazo, qué depende del mismo partido, y difícil.

En lo práctico, en lo actual, lo qué debemos es centrarnos en esos problemas, en esas injusticias y desgracias de esas amplias capas sociales qué lo están pasando mal, muy mal. Junto con otros actores civiles debemos plantear alternativas, ser su voz en todos los sitios e instituciones en las que estamos, plantear movilizaciones… Nuestra actividad política ha de venir de la realidad de esa sociedad, de esa convivencia y coparticipación con ella, es difícil ser creíbles si no somos carne de su carne.

Muchas, demasiadas veces, nuestras proclamas, intervenciones… vienen dadas por contestación a la derecha, al sistema, hasta hacer de eso nuestras señas de identidad.

Si nuestra visión social proviene muchas veces, no de nuestra reflexión, sino de la confrontación con la visión de la derecha corremos el riesgo, parafraseando al Max Estrella de Valle Inclán, de ver la realidad reflejada en los espejos cóncavos del callejón del Gato, un esperpento.