9/04/2020

Ingreso Mínimo Vital: ¿Nadie va a quedar atrás?

Joaquín Iborra

El Ingreso Mínimo Vital despertó la esperanza de cientos de miles de personas pero su gestión está siendo un desastre. El artículo cuenta esta realidad desde muy cerca. Además propone otras soluciones más dignas a medio y largo plazo, como la disminución de la jornada laboral.



La estrategia del caracol

Cuando el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, pronuncio estas palabras, creo recordar que era un 17 de marzo, en pleno confinamiento y con el Estado de Alerta recién proclamado, muchos trabajadores y trabajadoras respiramos tranquilos: nuestro Presidente, la cabeza visible del Gobierno de Coalición de izquierda, no nos iba a abandonar a nuestra suerte. 

Días después, el Vicepresidente Pablo Iglesias lanzaba la propuesta de que las familias más afectadas por la crisis económica que estaba dejando la pandemia se podrían acoger a un Ingreso Mínimo Vital. Esta especie de ayuda, que se anunciaba en el programa electoral de Unidas Podemos y que se recogió en el acuerdo de gobierno entre UP y PSOE, se convirtió, de la noche a la mañana, en el sueño de muchas familias que veían un poco de luz al final de un túnel que se va ser largo y muy, muy oscuro. 

El plazo iba a ser muy breve y la tramitación urgente. A todo esto, la Administración, al igual que el resto del país estaba bajo mínimo y con pocas posibilidades de funcionar al 100 por 100 en un plazo corto de tiempo. 

Fueron pasando los días y lo que parecía un acuerdo, era más bien una idea que ya iría tomando forma y que provocaba no pocas tensiones en el Gobierno entre los que no lo veían, los que pedían que se retrasara su aprobación y los que lo querían aprobar ya. 

Tras una larga reunión entre Pablo y Pedro, una más de las muchas que ha habido en estos 9 meses para poder desenredar un acuerdo político, en mayo todo parecía preparado para su aprobación, aunque el ministro que le tocaba gestionarlo, el de la Seguridad Social, José Luis Escrivá, no se veía contento con el invento, entre otras cosas porque no sabía de donde se iban a sacar los fondos para pagarlo. 

Pero por fin se aprobó y miles de ciudadanos nos lanzamos a la web del ministerio para solicitarlo. Nos lanzamos, pero no pudimos, faltaba crear la herramienta informática, pero los usuarios más avezados, muchas personas con menos recursos “técnicos” tuvieron que conformarse con leer los resúmenes que venían en la prensa, ya pudimos leer en el BOE todo el denso articulado de un Real Decreto Ley donde se enunciaban las tablas, la documentación a aportar, etc… 

Como os podéis imaginar, ya estábamos en junio, y muchas familias llevaban meses sin tener ni el más mínimo recurso económico. Y aunque el cobro tendría un efecto retroactivo, no fue hasta finales de junio, cuando se puedo hacer la solicitud. Una solicitud que con toda la documentación que se tenía que aportar y escanear se gestionaba, como antes os he contado, vía online. 

Esto llevo a que muchas familias, sobre todo de inmigrantes, tuviera que ampararse en la ayuda de una pequeña mafia que surgió en locutorio y gestorías improvisadas. 

El caso es que en muy poco tiempo, había miles y miles de solicitudes, luego decenas de miles y al final varias centenas de miles, con un ministerio de la Seguridad Social funcionado a medio gas y con las oficinas cerradas. 

¿Qué hizo el Ministerio? Contratar los servicios de la empresa Tragsatec, filial de la empresa pública Tragsa, una empresa que vale para todo, es como la UME, vale para apagar cualquier incendio en la administración, te cambia una loseta o te hace el tramite electrónico del IMV. Lo malo, es que a veces, es ella misma la que provoca los incendios. 

Estamos en el mes de septiembre, último mes para que la administración conceda ese Ingreso Mínimo Vital que en el mejor de los casos llega justo a los 1.100 euros, pero que en la mayoría de los casos es de unos pocos cientos de euros, y ciento de miles de solicitudes aun están en el tintero electrónico y otras miles están mal tramitada por la empresa pública contratada y por la propia administración, con cosas tan surrealistas como que alguien que no posee nada, que no cobra ni la mínima ayuda pública en forma de renta mínima de inserción, que no computa a la hora de establecer la renta, y que vive de la caridad tenga exceso de patrimonio y no esté en situación de vulnerabilidad. 

Me consta, conozco a este sujeto desde hace 51 años, que se maneja bien en estas cosas de la administración, de la informática y de internet, que no es una persona que tenga problemas a la hora de entender un texto denso de un Decreto Ley. Aún así, no sabe qué hacer, está bloqueado. Pues si este tipo esta así, ¿cómo estarán miles de personas que están encerrados ante lo que algunos llaman brecha informática y la sempiterna brecha administrativa? 

Pues sí, puede parecer sorprendente, pero es verdad. Y diréis, que recurra, pues no es tan sencillo: el Ministerio no tiene por qué comunicarte el final de la tramitación y hasta que no se publique en el BOE no se podrá recurrir, y el Ministerio no ha generado ninguna aplicación online para poder hacerlo, así que o contratas a una gestoría, que no sea la del locutorio de la esquina, o a un abogado, o no tendrás opción de recurrir. 

Visto el desastre, el Ministerio de Seguridad Social, a 9 de septiembre, ha decidido ampliar los plazos hasta diciembre, lo cual está muy bien, teniendo en cuenta que esta historia que os estoy contando empezó, hace unos párrafos, el 17 de marzo. 

Un enfoque más digno a medio y largo plazo sería trabajar sobre una fuerte reducción de la jornada laboral. Una semana de 4 días.

Mucha gente se ha quedado atrás, mucha, muchas familias y no familias, sin recursos y pendientes de los bancos de alimentos y de la solidaridad particular. Pero la institucional en Madrid, por ejemplo, no existe: ni la de la Comunidad, ni la de su Ayuntamiento. Personas que se sienten abandonadas por el Estado y que no entienden de los problemas de gestión de un ministerio o de las luchas internas o de la mala gestión por parte de una empresa que no está especializada en la realización de estos trámites. 

Solo van a ver su cuenta bancaria, sus deudas, las colas ante los bancos de alimentos, la desesperación y el hambre, si, el hambre, en la España del siglo XXI. Y el Gobierno no se puede escudar en el Covid-19. 

Nuestros vecinos y vecinas, nuestros amigos y amigas, lo están pasando mal, y eso tiene una consecuencia política. Si dejamos tirados a los nuestros, utilizando la expresión de Sánchez, si los dejamos atrás, ellos también nos van a dejar atrás. 

Y, sobre todo, van a dejar atrás a quien más rédito político quiso sacar de esta iniciativa. 

De poco va a valer ahora el ¡qué vienen los fascistas! Los fascistas, desde el populismo, se alimentaron del hambre y de la falta de esperanza de miles de personas en la Italia y Alemania de los años veinte y treinta del siglo XX, pues ahora, exactamente, un siglo después, parece que no hemos aprendido nada. 

Y además el IMV es una solución muy provisional. ¿Vamos a vivir en la “nueva” realidad en esa situación? ¿Por qué no empezamos a trabajar con soluciones más dignas y eficaces a medio y largo plazo? La derecha en Alemania y otros países se orienta hacia una disminución radical de la jornada de trabajo con una semana de 4 días. La derecha.

51 años me contemplan.