9/04/2020

El futuro del independentismo

 Eberhard Grosske

En este 11 de septiembre la celebración de la Diada ha tenido mucha menos pujanza y relieve político que en años anteriores. Aparte del efecto de la pandemia, la falta de unidad ha influido. Hacia el futuro hay que ser optimistas porque la relación de España con Catalunya es también la relación de España consigo misma



Elisenda Paluzie, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana y, en cierta forma, máxima expresión del “independentismo civil” en Catalunya, clausuró ayer la Diada con un discurso en el que recriminaba amargamente la falta de unidad de los partidos independentistas y, al mismo tiempo, se comprometía a promover la insumisión fiscal de la ciudadanía.

Lo que no quiso o no supo abordar la Sra. Paluzie es por qué los partidos independentistas están desunidos o por qué una insumisión fiscal, que fracasó estrepitosamente hace unos años, iba a tener ahora un mejor desenlace.

En todo caso, la dura realidad es que los partidos independentistas no paralizan un nuevo proceso de independencia porque estén separados, sino que están separados porque ninguno quiere una nueva declaración de independencia que acabe con presos, fugados... y sin independencia. Dicho de otra manera: descartada la mayor, los partidos independentistas -como en todas partes- disputan la menor.

A veces los partidos se equivocan a la hora de medir la correlación de fuerzas y, en vez de avanzar, retroceden o, como en este caso, se dan un batacazo.

Cuando, en 2015, Artur Mas huele que los efectos de la crisis económica pueden llevarlo a la oposición, construye un discurso que pivota en la idea de que una Catalunya independiente podía sortear mejor la crisis (discutible) y de que la Unión Europea no pondría pegas a una Catalunya independiente (falso). Con este bagaje se pone al frente de las elecciones catalanas agrupando a casi todo el independentismo y dándole a las elecciones un carácter plebiscitario sobre la independencia

Como, técnicamente, se trataba de unas elecciones autonómicas, nadie obstaculizó su celebración ni cuestionó su resultado pero el primer acto de la tragedia del procés fue que los independentistas sólo obtuvieron un 48,2%..., pero -nuevo error- consideraron favorable el plebiscito con el penoso truco de descartar del escrutinio a pequeñas candidaturas que no se habían decantado ni por el sí ni por el no a la independencia.

Todo lo que vino a continuación fue un reguero de desvaríos que todos conocemos: un referendum sin garantías, una declaración de independencia que no llegó a ejecutarse y, lo más penoso, gente condenada a penas de cárcel... Y aquí estamos todos varados porque cuanto más grandes son los desaguisados, más complicado es recomponer la situación

Pero, dicho esto, quiero dar un mensaje de optimismo y manifestar mi absoluta convicción de que todo esto cambiará más pronto que tarde; que esto se arreglará porque la relación de España y Catalunya es, al mismo tiempo, el problema de la relación de España consigo misma; que España se articulará federalmente con cada uno de sus territorios; que participaremos en una Europa mucho más fuerte, horizontal y democrática.... Y que todo esto pasará porque el mundo es cada vez más pequeño y más cercano y porque necesitamos como el pan que, cuanto antes, la gente de a pie se encuentre entre sí y construya un mundo mejor... antes de que sea tarde.