8/25/2020

La pandemia ética, laboral y social que sufren los temporeros, más allá del COVID-19

Miguel Ramírez Muñoz 
Portavoz de la Asamblea Local de IU en Manzanares (Ciudad Real) Miembro de la Coordinadora Federal de IU 

Las políticas neoliberales son las causantes del rápido avance de los contagios y de sus graves consecuencias en la salud y en la economía. El COVID-19 ha alumbrado la lamentable situación de los temporeros, sabida pero ignorada



Cuando, hace algo menos de 6 meses, saltó la alerta sanitaria por el COVID-19 el sector agroalimentario fue uno de los declarados como prioritario y de emergencia, ya que ante la declaración del Estado de Alarma y el confinamiento obligatorio, se hacía necesario garantizar al menos el suministro de bienes básicos como la alimentación. 

Tendríamos que recordar que las principales causas del rápido avance de los contagios y de la dureza de las cifras de muertes están en las políticas neoliberales de las últimas décadas, donde los recortes en sanidad pública y el desmantelamiento industrial por las deslocalizaciones dejaron a España sin capacidad propia para generar equipos, herramientas y recursos para afrontar la pandemia de una forma más contundente, la incapacidad, por ejemplo, de fabricar y disponer de mascarillas o respiradores tuvo un efecto directo en prolongar en el tiempo la evolución al alza de los contagios, los recortes en sanidad pública y en dependencia están en el fondo de la alta mortalidad en residencias de mayores o en el alto número de profesionales sanitarios contagiados lo que contribuyó a su colapso, el gran temor por parte de todos. 

Como vemos, la ortodoxia neoliberal del ajuste duro en el sector público y en el desmantelamiento industrial para imponer un modelo productivo terciario, tiene un efecto directísimo en la vida y muerte de la gente, pero también en el resto de sectores productivos que por el obligado confinamiento fueron precipitados a una difícil situación, que aunque en cierta manera se está minimizando su impacto con los ERTES, podríamos decir que sectores como el pequeño comercio (que ya arrastraba el impacto del comercio electrónico) y la hostelería sufrirán una importante sangría en empleo, sin que tengamos a la vista un plan alternativo. 

Pero volviendo al tema central de éste artículo, es en el sector agroalimentario donde las contradicciones se han agudizado y el COVID-19 ha revelado las miserias de éste modelo social y del ciertos comportamientos empresariales. Ya en años anteriores se venían denunciando las condiciones de extrema precariedad laboral, sanitaria y habitacional de los temporeros, dónde hacinados en el mejor de los casos en naves industriales que no reúnen las condiciones básicas para vivir, decenas de trabajadores e incluso menores, compartían un misérrimo aseo, sin duchas, y dormían en el suelo o en colchones sucios robados en puntos de reciclaje en algún caso. 

Esas condiciones inhumanas, sumadas a condiciones laborales irregulares con la intermediación de mafias, nulas medidas de seguridad laboral, además de largas jornadas al sol y calor extremo con salarios de miseria, han sido una constante en los últimos años en las temporadas del ajo, hortofrutícolas, melón, o la vendimia. Las muertes por golpes de calor, jornaleros abandonados anonimamente en las puerta de hospitales, las redadas y detenciones por explotación laboral no son de ahora, pero quizás ahora han tomado mas notoriedad pública. 

La casi "impunidad" que disfruta la gran patronal agraria, ASAJA, llega a extremos insospechados. Por ejemplo, el Convenio Colectivo del Campo de la provincia de Ciudad Real sigue con unas tablas salariales que están por debajo del Salario Mínimo Interprofesional de 950 €, y es más llamativo porque el Presidente Nacional de ASAJA, Pedro Barato, es ciudadrealeño y está liderando una rebelión contra la aplicación de un Decreto avalado por el Congreso de los Diputados, así como el boicoteo contra las inspecciones de trabajo que están tratando de poner un poco de orden en un sector muy desregularizado. 

Recolección y mataderos han sido focos graves de contagio

Sin embargo, los trabajadores del campo si están teniendo que pagar la subida de su sello agrario lo que está mermando su salario, pero sin embargo, la patronal se niega a pagarles lo legalmente establecido y que a mi juicio debería ser una actuación de oficio por parte de la Tesorería de la Seguridad Social y del Ministerio de Trabajo la que debería corregir ésta anomalía. 

Sin embargo, y a pesar de las medidas de prevención impuestas por el COVID-19, nada ha cambiado las condiciones de los temporeros, siguen hacinados en condiciones inhumanas, sin medidas de seguridad laboral, se producen contagios y se les prohíbe trabajar. Pero al carecer de rentas se les condena a la exclusión social, generando situaciones de conflictividad social y ciudadana como ocurrió en Albacete hace unas semanas, con altercados en las calles y la intervención policial, generando un caldo de cultivo xenófobo cuando en realidad estamos ante la criminalización de la pobreza. 

Se multiplican el cierre de almacenes hortofrutícolas por contagios de COVID-19, la campaña de recolección de un producto perecedero está seriamente alterada en algunas zonas, y lo peor es que las condiciones de dignidad humana de éstos trabajadores y sus familias que les suelen acompañar en éstas tareas, siguen estando muy por debajo de lo que por ética y por Salud Pública se debería exigir en nuestro país. 

Se acerca la vendimia y se acumulan incertidumbres, el confinamiento y el cierre del sector HORECA ha generado enormes stocks de vino, lo que puede provocar una caída histórica de precios y la ruina de pequeñas explotaciones. 

Lo preocupante es que en algunos casos los trabajadores, a pesar de estar infectados del virus, deciden, mientras su salud se lo permita, continuar trabajando para ganarse un sueldo y mantener a sus familias, acumulando riesgos de salud pública en la cadena alimentaria (ver el caso de mataderos industriales en Alemania) y el riesgo de multiplicar contagios entre la población que sin duda afectará al resto de la sociedad. Veremos cómo se inicia el Curso Escolar o la vuelta al trabajo en Polígonos Industriales. 

Por todo ello se deben tomar medidas urgentes de acuerdo con los Sindicatos, pero también con los equipos de atención social para dar una alternativa que cierre éste círculo vicioso de contagios, precariedad, contagios. 

Desgraciadamente, hay capas de la sociedad en las que está creciendo un sentimiento de alarma ante la presencia de temporeros en sus calles y plazas. Ésa es la miseria ética que también está asomando tras la pandemia, una ciudadanía que durante las primeras semanas de confinamiento daba muestras de solidaridad en los balcones, ha ido degenerando en un peligroso negacionismo, actitudes irresponsables, y ahora en racismo, xenofobía, y en el acoso al pobre. 

En las primeras semanas, veíamos que los servicios públicos y la solidaridad ciudadana eran los que estaban ganando la batalla al virus, se abría una esperanza para que se asentaran en el pensamiento colectivo ideas y valores tradicionales de la Izquierda; lo público sobre lo privado, lo de todos sobre el individualismo egoísta y excluyente, la importancia del trabajo y la producción sobre la economía especulativa, la SOLIDARIDAD frente al EGOÍSMO, vecinos y vecinas de todas las edades, razas, credos, y condición citándose diariamente en los balcones para darse fuerza y esperanza para frenar la pandemia. 

Por tanto, las fuerzas políticas y sociales de la Izquierda estamos ante el reto de combatir en todos los ámbitos éste avance del nacional populismo y del negacionismo, porque ésta ruina moral en la que se está cayendo se puede multiplicar si como se prevé tenemos una segunda oleada éste otoño. 

Durante la pandemia el debate escondido, pero que estaba en el fondo, era si había que sacrificar la economía por la salud pública, o dejar que la economía siga en plena actividad y fiar a la suerte el impacto sanitario, ésa es la inmoralidad del modelo actual; que no pare la maquina del dinero aunque mueran millones de personas, lo que nos reafirma en la idea de que el verdadero virus es el Capitalismo y que la única vacuna posible es la construcción del Socialismo.