8/25/2020

Comentario del informe de Médicos sin Fronteras sobre las residencias de mayores y el COVID-19

Los datos apuntan a que han muerto más personas por estar en una residencia que por su edad. Aparte de ello, Cajón Izquierdo valora en esta entrada el documento publicado por Médicos sin Fronteras sobre la afectación a las residencias del COVID-19

 


Lo ocurrido en las residencias de mayores es una de las expresiones más claras del agotamiento del capitalismo como modelo social para resolver los problemas de la humanidad. La crueldad del criterio del beneficio privado y del modelo de gestión "económicamente eficiente" ha quedado muy bien retratada. Debería ser una base de tremenda eficacia para la batalla ideológica. La izquierda institucional parece dejarlo a un lado. Desde Cajón Izquierdo queremos contribuir a que esto forme parte del debate. Para ello, ofrecemos a nuestros lectores este informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) que creemos muy documentado y bastante objetivo, aunque discrepemos ideológicamente de esta ONG.

MSF ha publicado este detallado informe sobre la situación de las residencias de mayores en relación con la pandemia, que invitamos a leer.

https://www.msf.es/actualidad/publicaciones

Su título: “Poco, tarde y mal: denunciamos el inaceptable desamparo de los mayores en las residencias durante la COVID-19 en España” resumen de forma clara el contenido del informe.

Algunos de los datos son estremecedores y significativos. “Se estima que las personas mayores fallecidas en estos centros (19.819 según RTVE) representan el 68,3% de las personas fallecidas por COVID-19 en toda España”. Con estos datos es posible pensar que las personas que murieron en las residencias no lo hicieron esencialmente por su edad y posibles enfermedades previas sino por estar en una residencia. Esta posibilidad se refuerza si comparamos en número de fallecidos mayores fuera de residencias con la población total correspondiente en ambas situaciones. Así, el conjunto de la población española mayor de 65 años era en el 9,1% del total de la población. Actualmente, se puede estimar en unos 9 millones de personas. En las residencias, aunque es difícil calcular con precisión las plazas en los centros de este tipo, se puede calcular en algo más de 350.000. Es decir, unas 8.650.000 personas mayores de 65 años viven sólos en sus casas o con familiares, han sufrido como máximo 9.192 muertos (suponiendo que todos ellos tuvieran más de 65 años), es decir poco más de 1 por cada mil. Sin embargo, en las residencias la ratio ha sido 19.819 muertos por 350.000 residentes, o sea 56,6 por cada mil. Una diferencia aterradora que justifica la afirmación de que han muerto más por residentes que por mayores.

Entre las carencias graves que el informe destaca están “graves problemas tanto del modelo de gestión de residencias", aunque no profundiza en este aspecto (trabajo que si ha hecho en sus artículos cuestión que si ha hecho en suscomo de coordinación entre las diferentes Administraciones competentes y empresas gestoras”. Las residencias mostraron “mostraron un déficit estructural de recursos y de supervisión sanitaria, y ningún plan de contingencia”

En el texto de resumen introductor al informe (págs. 3 a 9) se señala la necesidad de un cabio de modelo en los cuidados de las personas mayores.”La mortalidad excesiva durante esta crisis señala problemas estructurales y sistémicos en relación al modelo español de residencias; destaca en particular la necesidad de mejorar la atención médica que debe brindarse a quienes viven en estos centros, sean públicos, privados o concertados. La lógica del modelo de residencias actual responde más a las condiciones del proveedor de servicios que a las necesidades sociales y sanitarias de las personas mayores”.

Esta clara denuncia dela propiedad y gestión privada de las residencias debería estar en el fondo de un modelo alternativo, que no se centrara en la estabulación de las personas mayores, sino en alternativas más abiertas. El problema no es sólo de propiedad (públicas o privadas, sino también de las que tienen gestión pública porque han adoptado un modelo de eficiencia económica que conduce a una gestión de recortes, tanto en personal como en medios.

Sera necesario desarrollar y fortalecer la Ley de Dependencia para que las personas mayores puedan permanecer el mayor tiempo posible en sus casas y en su ambiente familiar y de relaciones sociales, con la debida atención y cuidados sanitarios y psicosociales. Si esto no es posible puede utilizarse viviendas supervisadas y unidades reducidas de convivencia. Pueden valorarse las experiencias en el País Valenciá.

Por su parte, el documento de MSF aporta propuestas de partida para el cambio, aunque se centra principalmente en la situación de las residencias actuales.Nuestro objetivo es contribuir a evitar que se repita la inaceptable situación de abandono y desatención de las necesidades de salud y cuidados de las personas más vulnerables, nuestros mayores, así como la falta de protección de las personas más expuestas, el personal de las residencias. La asistencia sanitaria a las personas mayores y la protección de quienes las cuidan no son una opción: son una obligación médica, ética, social y normativa, tanto a nivel local, autonómico y regional como a nivel estatal”

Las conclusiones y recomendaciones que propone MSF pueden verse detalladas en: https://www.msf.es/actualidad/publicaciones

En cuanto a las conclusiones, se puede leer, como resumen:

“Dado el perfil de las personas que viven en residencias de mayores, muchas de ellas frágiles y con pluripatologías, mantener a quienes cayeron enfermos en espacios cerrados y sin la atención médica y psicológica adecuada multiplicó los contagios, aceleró la mortalidad y produjo situaciones indignas e inhumanas…”

“Las residencias carecen de recursos, infraestructura, formación o responsabilidad para la atención médica y tampoco hubo una respuesta inmediata, adecuada y orientada a salvar vidas, y coordinada con los servicios asistenciales y de salud. La capacidad en la prevención y control de infecciones, que es clave en una epidemia, también fue deficiente. Una de las consecuencias fue el aislamiento, a veces de forma indiscriminada, y la restricción o denegación de despedidas, visitas o movilidad personal, lo que tuvo también consecuencias físicas y psicosociales graves para los mayores…” El informe cita situaciones de personas encerradas con llave y de otras que confinadas en su habitación, murieron en muy pocos días.

“Pudimos constatar también la falta de medidas de protección y formación adaptada, oportuna y con protocolos de uso claros que protegieran a personal y residentes. Asimismo, los perfiles profesionales estaban poco desarrollados en términos de competencias y capacitación, y las bajas laborales provocadas por los contagios no fueron sustituidas al ritmo y en ratio adecuados…. Las Administraciones priorizaron la respuesta asistencial en hospitales, lo que dejó atrás a las personas mayores en las residencias, a pesar de ser el colectivo más vulnerable y con mayor mortalidad”.

Las recomendaciones principales del informe son, entre otras:

“MSF considera esencial elaborar planes de contingencia fácilmente adaptables a cada residencia…”

MSF recomienda que se aseguren en las residencias ratios de personal formado que garanticen un cuidado digno y adecuado de las personas mayores, que incluya cuidados paliativos y de confort…”

“MSF recomienda, entre otras medidas, disponer de profesionales formados en este ámbito, para asesorar, formar y supervisar al personal asistencial”

“En todo caso, debe establecerse un principio de equilibrio entre aislamiento, cuarentena y convivencia, y asegurar que las medidas de sectorización responden asimismo a las necesidades de socialización (tanto psicosociales como físicas) de las personas mayores y priorizan en todo momento su salud en un sentido integral”.

“Las recomendaciones de MSF incluyen la necesidad de recopilar, sistematizar, publicar y analizar datos, para que sirvan como mecanismo de alerta y respuesta adecuada, tanto preventiva como proactiva”.