8/28/2020

Un Instrumento para estar presentes en la lucha de ideas

José Antonio García Rubio

La lucha de ideas es un tarea fundamental para avanzar en la hegemonía. Además de los adversarios habituales, ahora hay que confrontar con las versiones post modernas: el populismo llamado de izquierdas y el relativismo, que los clásicos llamaron oportunismo

Colas del hambre en el barrio de Aluche (Madrid). Foto: Cajón Izquierdo

Antes de la pandemia, un grupo de mujeres y hombres vinculados a la izquierda coincidimos en que una de las razones, y bastante importante, de la debilidad de la izquierda que en España quiere superar el sistema era el retroceso de sus posiciones ideológicas. 

La lucha de ideas se ha abandonado y es preciso recuperarla. La izquierda institucionalizada no se preocupa de ese aspecto fundamental de la conquista de la hegemonía. La socialdemocracia aún no ha asumido que la política de rentas que sustentó el llamado “Estado de Bienestar” ya no es posible hoy porque no se dan las circunstancias históricas que lo hicieron posible. El neoliberalismo no necesita ya pactar un reparto más democrático de la renta y lo estamos viendo en toda su política. Naturalmente, no se trata de renunciar a nada de lo conquistado, pero sí de redefinir objetivos y contenidos. 

En cuanto a la izquierda que se define como alternativa, el predominio de las concepciones populistas post marxistas es evidente. Alberto Garzón ha negado el valor metodológico del marxismo, es decir del materialismo histórico y el materialismo dialéctico. 

Ahora parece que el populismo nos retrotrae a la escolástica tomista o, en el caso de los más modernos, al positivismo norteamericano. Así, cuando se producen debates se sustituye el procedimiento tesis-antítesis-síntesis superadora por el de tesis-antítesis-retesis (o tesis reforzada), en gran medida al estilo de un debate parlamentario. 

El resultado es que el debate interno se convierte en estéril, las conclusiones son superficiales y dejan de tener cualquier valor transformador de la práctica política, por tanto se pueden cambiar de forma oportunista. 

Así, como la teoría deja de describir con rigor la realidad por ausencia de un método científico de análisis, renuncia a su papel de transformarla. 

Pero esta no es una pelea filosófica, sino una pelea política. Porque no se encontrará en ningún documento de la izquierda institucionalizada un análisis que vaya más allá de una breve mención de cuestiones fundamentales hoy: 

a) La salida de la crisis del capitalismo 

b) La valoración de lo que representa un cierto nacional capitalismo, no sólo Trump, Salvini, Le Pen o Abascal, sino también Putin o Erdogan. 

c) Recuperar el análisis del papel de las religiones. El cristianismo (y no sólo el catolicismo) pero también el Islam y su papel en la lucha de clases. 

d) El papel político de los medios de comunicación y su nueva intencionalidad de organizadores sociales. 

e) La crisis de la UE. La resituación del gran capital español en la UE y en el mundo ante las exigencias de nueva distribución internacional del trabajo obligada por las consecuencias de la pandemia, el enfrentamiento China-USA y la emergencia de potencias como Rusia, Turquía, Brasil, Irán, Israel y el papel en las relaciones internacionales del yhijaidismo. 

f) La argumentación de una salida federal y solidaria al problema territorial de España. 

g) Contribuir al análisis de clase de la sociedad española, para reconducir los hechos que se producen a sus causas reales. La remodelación de la dirección del PP no es tanto algo personal como una readaptación a los interés del gran capital. 

La pandemia ha generado una nueva situación que no es de normalidad sino de realidad. 

Uno de los rasgos esenciales de esa “nueva realidad” es que el virus parece poseído de un potente foco que va iluminado con claridad muchos aspectos de la sociedad española con todos sus detalles: las consecuencias de abordar como un negocio la “sociedad de cuidados” (el problema de las residencias sintetiza bien todo el capitalismo), las condiciones de los temporeros, el desastre de un modelo productivo basado en el turismo y la especulación inmobiliaria, el abandono de la investigación y la producción industrial, etc. En resumen, un certero retrato del neoliberalismo. 

Este panorama hubiera proporcionado una base formidable para situar con éxito en la sociedad un nuevo proyecto de país para la nueva realidad. 

Pero no ha sido así. La izquierda en el Gobierno se ha situado a la defensiva, carente de un proyecto global. Y no solamente porque se carece de él, sino porque no se quiere. La derecha considera el país como su finca y España su propiedad, pero la izquierda que se dice alternativa se pronuncia como un “okupa” vergonzante. 

Nos consta que las ideas globales que hubieran permitido cohesionar, jerarquizar y articular las propuestas para la llamada Comisión para la Reconstrucción, se apartaron. Más que un proyecto coherente y alternativo con el objetivo de avanzar hacia una Democracia Social se optó por un mero catálogo de propuestas como el de unos grandes almacenes. A construir ese proyecto de país también queremos contribuir con modestia. 

Bastantes entre quienes respaldamos este “Cajón de Ideas” fuimos partidarios de que el apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez fuera meramente parlamentario sobre la base de un programa pactado. No fue así y, como los hechos generan consecuencias y dinámicas, la ruptura del Gobierno de colación originaría hoy una crisis que situaría a la izquierda en peores condiciones que antes de formar parte del Gobierno. 

A la hora de plantear nuestras posiciones críticas lo haremos de forma consecuente con esa realidad, pero no las debemos rebajar porque dejarían de ser útiles para los trabajadores y el conjunto de los sectores sociales que la izquierda debe defender. Es cierto que la pandemia está siendo una experiencia dura y difícil para este Gobierno, pero no más que para cualquier otro Gobierno del mundo. 

Tenemos un Gobierno timorato y a la defensiva, pero que si por razones de marketing (¿) no entiende la necesidad de ser más beligerante, podría recurrir a las fuerzas políticas y sociales que le apoyan y también poner en pie iniciativas culturales hacia lugares y personas que nunca las reciben, por ejemplo, o modificar la programación de la TV pública para dejar de proponer como modelos de comportamiento los azares sentimentales de personajes extractivos (cuestión que es hoy un presupuesto ideológico de los sectores más reaccionarios de la sociedad y que no consta que exista en otras televisiones públicas de países significativos de Europa). 

Tenemos un Gobierno timorato y a la defensiva

Pero sobre todo, la situación en España obliga a un análisis permanente de la correlación de fuerzas y a dar contenido a un proceso de transición cercano a las necesidades y exigencias de los trabajadores y al cambio sustancial del modelo productivo hacía esa democracia social avanzada a la que nos hemos referido. 

Algunos hechos concretos de la situación actual ponen de relieve esa indigencia teórica de la izquierda, que se limita a seguir los titulares de los medios de comunicación. Ejemplos: 

Los cambios en la dirección del PP se interpretan como una mera decisión personal de Casado cuando posiblemente están más orientados a que el PP pueda representar más funcionalmente los sectores del gran capital ante los próximos presupuestos y, sobre todo, sus intereses en los cambios a los que obligará la pandemia en el reparto internacional del trabajo. 

Decisiones como el Ingreso Mínimo Vital desconocen la estructura y dimensión del aparato de Estado español. Es imposible que cuando los trabajadores de un Ministerio resuelven unos 70.000 expedientes en un año, se crea que pueden tramitar más de 500.000 en un mes. Otro enfoque, otro método y otros instrumentos hubieran sido necesarios para no caer en una mera política de marketing que se está volviendo como un bumerang sobre el Gobierno de coalición. Pero además un proyecto global de país posiblemente hubiera aconsejado una disminución radical de la duración de la jornada de trabajo. Otros países con menos izquierda en el Gobierno están en ello. 

En esto queremos estar. A esos debates te invitamos.