8/28/2020

Hablaron las urnas

Luis Cabo

Los resultados de las sucesivas elecciones desde que se configuró UP marcan el declive electoral de la colación. La autocrítica está ausente de la izquierda y son las opciones independentistas las que recuperan electorado.

La constelación de la izquierda

Tal vez no haya mejor indicador del revés electoral sufrido por los dos partidos que componen el Gobierno de coalición que la espantada de sus máximos referentes a la hora de valorar públicamente los resultados electorales de Galicia y Euskadi de este pasado 12 de julio. Unas elecciones de evidente ámbito regional pero que, sin embargo, encierran un impacto político bastante más amplio. No fueron unas elecciones cualquiera. 

Fueron las primeras en celebrarse desde que, a principios de enero, se constituyera el nuevo Gobierno. Contra todo lo declarado durante la campaña electoral de noviembre 2019, Pedro Sánchez acordó en enero con Pablo Iglesias el Gobierno de España. Por sorpresa surgió el único gobierno de coalición de toda nuestra reciente historia democrática. Un gobierno de exclusiva mirada partidista y escasos principios, muy dudosamente fiable y apoyado por todo el universo nacionalista, abertzale e independentista del país. Apoyado por todos, absolutamente todos (incluido Unidas Podemos), los que rechazan y combaten la arquitectura Constitucional acordada en la Transición Democrática de 1978. 

Las elecciones en Galicia y Euskadi fueron también las primeras en celebrarse tras el prolongado Estado de Alarma a que obligó la devastadora y aún presente agresión del coronavirus. 

Conocidos los resultados electorales, Pablo Iglesias, desde su residencia, utilizó las redes sociales para divulgar un comunicado de lo más común. Sin embargo, para Unidas Podemos, el revés electoral adquiere dimensión de hundimiento político: pierde 5 de sus 11 diputados en Euskadi y la totalidad de los 14 diputados que tenía en la Galicia de su ministra estrella, Yolanda Díaz de la que, por cierto, acabamos de enterarnos de su baja de Izquierda Unida, hace ya unos meses. 

La complicidad política de UP con el voto autodeterminista  ha atraido el electorado hacia estas  opciones

Por su parte, Pedro Sánchez no se complicó la vida. Se mantuvo mudo. Sin dejar la Moncloa, le encasquetó a su fiel Ábalos la tarea de salir a dar la cara para, eso sí, hablar más del PP y de los demás que de sus propios resultados. Con todo, no pudo evitar que se constatara el evidente estancamiento electoral del PSOE. No recoge prácticamente nada del hundimiento de su socio de Gobierno. No le sirvieron ni su abusiva utilización mediática, ni la ya enfermiza obsesión intoxicadora de Tezanos y su CIS, ni el conocido “efecto Moncloa”, normalmente favorable a su inquilino a poquito bien que lo haga. El PSOE pasa de 9 a 10 diputados en Euskadi, pero se aleja aún más de un EH-Bildu que se dispara hasta los 22 escaños. Crece de 14 a 15 escaños en Galicia, pero también allí se ve arrollado por un BNG que pasa de 6 a 19 diputados. En ambas plazas, el PSOE pierde votos respecto a las últimas autonómicas y se sitúa como 3ª fuerza política.

Sabemos que la complicidad de Unidas Podemos con las opciones autodeterministas y separatistas han trasladado el grueso de sus votos en Galicia y Euskadi hacia opciones autóctonas y con más pedigrí: el BNG y EH-Bildu. Está claro. Sin embargo, ello en absoluto justifica que el PSOE no recogiera ni una mínima parte de ese voto a la fuga, aunque sólo sea porque se trata de su socio de Gobierno. Es más, el ejemplo castellano-manchego desmiente tal conformismo. Sin bien en esa Comunidad no opera, por suerte, ninguna EH-Bildu, no es menos cierto que hace poco más de un año, en las autonómicas del 2019, el PSOE de Castilla la Mancha consiguió atraer buena parte del voto del que fue su socio de gobierno, Unidas Podemos. Se hizo con la mayoría absoluta de escaños, dejando al partido morado sin representación parlamentaria. 

Es también ilustrativo que los gobiernos salientes en Galicia y en Euskadi resulten fortalecidos tras la prueba electoral, al tiempo que el Gobierno Sánchez-Iglesias sale seriamente debilitado. Debilitado al punto de ser hoy el PSOE, en varias y significativas Comunidades, una fuerza política subalterna de la llamada “izquierda” nacionalista. 

Se veía venir. Bastaron unos pocos meses para que los ciudadanos, en este caso gallegos y vascos, se percataran del empaque político de un Gobierno de conveniencia. Conclusión, con su voto también opinaron sobre la orientación política general del Gobierno, al tiempo que sobre su talante y gestión ante la agresión del Covid-19. El veredicto es inapelable: SUSPENSO. 

La indecente manipulación del número de fallecidos por el Covid-19 en nuestro país no es sino la vomitiva gota que desborda un vaso lleno de mentiras, engaños, incompetencia, irresponsabilidad y utilización partidista de la pandemia. No podía salir gratis. 

Es tan evidente que hasta un destacado ex-ministro socialista, Miguel Sebastián, ofrece el mismo día de las elecciones una entrevista al diario “El Pais”, publicada en su contraportada, en la que opina que el Gobierno y el Sr. Fernando Simón “deben pedir perdón por la gestión de la crisis”. La peor do los 33 países de la OCDE, según un reciente estudio de la Universidad de Cambridge. 

¿Por qué será que siempre que al PSOE le toca gobernar en situaciones de crisis ocurre que, a la primera de cambio, ganan por goleada las derechas declaradas?. En un caso la derecha tradicional de Feijóo y Casado que, les guste o no a los García Ferreras de turno, representan al PP en sus distintas almas políticas (en otras épocas encarnadas, por ejemplo, por los Aznar, Cascos, Pimentel o Ruiz Gallardón). En otro caso, el PNV: tan de derechas como el que más, ya que a su condición de clase (el genuino partido de la gran burguesía industrial y financiera vasca) le suma el ADN insolidario y supremacista que caracteriza al nacionalismo. ¿Por qué será que ambos prosperan? Tal vez sea porque ni el partido social-liberal de Pedro Sánchez, ni el coro del odio, el desprecio y la intolerancia de Pablo Iglesias son realmente la Izquierda. Son otra cosa. Son el oportuno adorno que el sistema del Capital sostiene y exhibe en sus escaparates institucionales.

Los retrocesos electorales no han producido nunca consecuencias en UP 

Sobra señalar que la determinación de voto de los ciudadanos gallegos y vascos obedeció, ¡cómo no!, a valoraciones políticas de orden local y regional. Sin embargo, ante la excepcionalidad histórica que nos ha tocado vivir y sufrir, considerar que no influyeron también elementos de nuestra convulsa política nacional sería de una ingenuidad tal que se tornaría en complicidad con quienes, pase lo que pase, nunca asumen la responsabilidad de sus conductas y de sus políticas. 

Tan es así que los fracasos electorales, por sonados que sean, raramente producen consecuencias. El caso de Unidas Podemos resulta paradigmático. Su incorporación al Gobierno del país no ha detenido una hemorragia electoral ya anteriormente iniciada. En los últimos 4 años, pasó de tener 72 escaños en el Congreso de los Diputados a tener 42 y, posteriormente, los 35 actuales. Nadie asume responsabilidades. Tampoco hay en lo interno nadie que se las exija seriamente. Ahí siguen todos ellos, los Pablo Iglesias, Irene Montero, Echenique, Garzón, Asens, Santiago, etc. 

Como parece que no se dan por aludidos, vascos y gallegos se lo han recordado alto y claro. La hemorragia se acelera, incontenible. De tener un total de 25 diputados en los parlamentos gallego y vasco (14 y 11 respectivamente), Unidas Podemos ha pasado a tener 6 en total. No creo equivocarme. Verán ustedes cómo no pasa nada. Se realizará una parodia de reflexión para que nada cambie. Se parirá un relato político que amoldará la realidad a conveniencia, reducirá el significado del hundimiento y justificará en lo fundamental el mantenimiento político de los principales responsables de la destrucción de la Izquierda en nuestro país. 

Destrucción de la Izquierda que, lógicamente, se ve acompañada por un inquietante auge de las posiciones políticas independentistas, contrarias al Constitucionalismo democrático que nos dimos en la Transición del 78. En ello, el PSOE de Euskadi, en su función de socio de gobierno del PNV, demuestra bien claramente que no sólo no contiene ese auge, sino que también lo alimenta. Crecen notablemente el PNV y EH Bildu. Entre los dos acaparan más del 70% de los escaños del parlamento vasco. Potente hegemonía nacionalista con la que seguir respaldando lo fundamental del proceso de ruptura constitucional emprendido en Cataluña y con la que arreciar en su exigencia de “más autogobierno para Euskadi”, sutil fórmula para seguir consiguiendo privilegios y competencias en exclusiva e ir articulando, a la chita callando, un “casi Estado propio”. 

El PSOE ya ha anunciado su decisión de seguir compartiendo con el PNV el gobierno en Euskadi. Una opción política desde luego meditada, nada improvisada y no por ello menos impropia de un partido de izquierdas. Si bien garantiza, en buena medida, sumar en Madrid el apoyo de los 6 diputados del PNV al gobierno Sánchez, sobretodo indica que el Presidente baraja prioridades políticas que relegan a muy segundos planos el combate consecuente frente al nacionalismo y sus estrategias de desestabilización constitucional.

Se está agotando la influencia de quienes hablaron de nueva política 

Palabras mayores merece la actuación de Ciudadanos. Desplumado y ansioso, anda como pollo sin cabeza, carente del más mínimo escrúpulo político. En Galicia, después de insistir en adosarse a Feijóo, se presentó por su cuenta y fracasó : retuvo 9.700 votos (el 0,75 %) de los 48.000 que obtuvo en el 2016. En Euskadi, al mero fin de obtener un escaño se incorporó de la mano de Casado a la candidatura de un PP en su versión más escorada. En la Comunidad de Madrid, gobierna con el PP al tiempo que promueve sonoras deslealtades. En el plano nacional, entre declaración y declaración, a cada cual más solemne, se proclama útil apoyando todo lo que necesita el Presidente Sánchez. La última exhibición de cinismo político la protagoniza ese tal Edmundo Bal al declarar que “si el Gobierno de Pedro Sánchez hace concesiones al independentismo, que se olvide de Cs”. ¿Es que no se enteran de lo que pasa, o es que pretenden engañar?. Mucho me temo que sea lo segundo. 

Si algo hay que me resulta esperanzador del paisaje político del país es que se está agotando la influencia política de quienes, convenientemente promovidos en aquellos días del gran crack financiero y social del 2008, irrumpieron a codazos agitando banderas de renovación generacional, “nueva política”, regeneración, transversalidad, desprecio a la experiencia histórica, ocaso de las ideologías y ese tan inmoral código de conducta: “Todo vale con tal de ganar. Es ahora o nunca”. 

Junto a las cuestiones propias de nuestra agitada política doméstica ( convulsión en la Casa Real, Mesa de diálogo con el Gobierno catalán y próximas elecciones, fondos de la UE para la Reconstrucción y condiciones, PGE para el 2021, política fiscal, modelo educativo, reforma laboral, escudo social, Ertes, Teletrabajo, Nissan, Alcoa y asuntos varios como el “Delcygate”, el caso Marlaska, la Fiscalía general, el juicio Villarejo o el “Dinagate” ), lo cierto es que la Sociedad, sacudida como nunca por la pandemia y sus multifacéticas consecuencias, se encuentra ante una encrucijada civilizatoria cuya resolución determinará en breve tanto la calidad de su convivencia Democrática, como el futuro vital de las nuevas generaciones y de la mayoría social trabajadora. 

Amenaza el Capitalismo en su estado más puro. Sus recetas son claras : miseria, paro, precariedad, deslocalización, desigualdad, destrucción medio-ambiental, éxodos migratorios, autoritarismo, militarismo, guerras, etc, etc. Las perspectivas son inquietantes. La derecha en sus múltiples variantes se está imponiendo, incluida Francia en la que el Sr. Macron acaba de conceder al Sr. Sarkozy un decisivo peso político en su renovado Gobierno. 

Sí. Me parece muy esperanzador que la mayoría ciudadana del país esté entendiendo que España no necesita de partidos inexpertos, sin categoría política alguna y cuyo oportunismo, demagogia, populismo aventurero y prepotencia sólo sirven para enturbiar y degenerar la legítima confrontación de propuestas y proyectos alternativos. Se ven por ello rechazados e inhabilitados para afrontar los retos del presente político, económico y social. 

A poquito que reflexionara en términos de interés general, como hacen algunos otros responsables del PSOE, esa debería también ser la conclusión del Presidente del Gobierno. 

Mientras se lo piensa y en lo que afecta a la Izquierda, sólo queda hoy alcanzar lo que aún falta: nuestro país, su integridad, su Democracia, sus trabajadores y clases populares, necesitan con urgencia la Reconstrucción unitaria de un proyecto político y social Alternativo, de Izquierdas, serio, moderno, consecuente y creíble. 

Escrito el 16 de julio 2020.