8/25/2020

Nuevo curso: indefinición, preocupación y estupefacción

Ignacio García. Profesor jubilado. Militante independiente de Izquierda Unida. 

La vuelta al colegio será una prueba de fuego para una gran parte de la población. No será fácil guardar la distancia social por lo que la disminución de la ratio alumnos/profesor y la contratación de los docentes necesarios son la medida fundamental


Imagen: Florero.Trabajo escolar durante el confinamiento. 
Víctor García (6 años). Foto: Cajón Izquierdo
Pocos dudan de la conveniencia y ventajas de la educación presencial sobre la denominada virtual, esto es aquella en la que la comunicación entre alumnado y profesorado, el aprendizaje y el acto educativo se produce a través de internet. Son muchas las razones para afirmar lo anterior y entre ellas no son menores cuestiones de socialización (fundamental en el hecho educativo) y la llamada brecha digital. Este es el término comúnmente usado para reconocer la dificultad añadida que supone para el alumnado el tener que disponer de los equipos y líneas imprescindibles para poder acceder a la red e interactuar a través de ella. Conocemos casos en que dos o tres hermanos se han tenido que arreglar como podían con el móvil de la madre o el padre y pidiendo el favor a un vecino de que les dejara usar su wifi. Otros, ni eso. Brecha digital que, por cierto, viene a darse normalmente en familias que ya parten de una situación de desventaja social en otros órdenes como el nivel cultural general, las dificultades económicas y de espacio, la estructuración del núcleo convivencial etc. Sí, es preferible la educación presencial… mientras se pueda hacer con seguridad y garantías sanitarias, algo que se está muy lejos de conseguir de cara al comienzo del curso próximo. 

Entre los realmente expertos, sobre todo los que están a pie de calle en el ámbito sanitario, es opinión generalizada que los efectos de la Covid-19 sobre la infancia y la adolescencia son claramente menores que sobre personas maduras y, sobre todo, ancianas. En la mayoría de los casos de niños y niñas afectados (¡Ojo! Digo la mayoría, no todos, pues también hay casos más serios), la Covid cursa con un poco de fiebre y tos más o menos leve, o sea como un resfriado. Pero ello no impide que, como pacientes asintomáticos que son, se conviertan en vectores de transmisión para sus padres, sus abuelos que los cuidan, llevan y traen (¡peligro!) y, también para sus profesores y profesoras que puede que, en algunos casos, bastantes, estén ya cerca de la jubilación. Por tanto, el problema de un comienzo de curso presencial sin garantías no reside tanto en los propios niños como en su entorno, más o menos amplio. Obvio. ¿Y qué entendemos por garantías? Pues lo que se recomienda o impone con carácter general al conjunto de la sociedad. Fundamentalmente, controles previos de temperatura o test, uso de la mascarilla (difícil de conseguir de forma permanente en infancia y adolescencia) y, sobre todo, ventilación entre clase y clase (el invierno está ahí) y distancia social en el entorno de dos metros. 

Los recortes han conducido a que los refuerzos sean pura fachada

Los padres y madres lo saben y lo dicen: “En las aulas actuales, en general, no hay posibilidad de guardar la distancia social. Hay que bajar la ratio, y aumentar el profesorado”. ¿Qué responde la Administración? Pues, en concreto, la Junta de Andalucía ha sacado un documento de 31 páginas con el pomposo título de “Decálogo para una vuelta segura a la actividad educativa presencial” que, de respuestas concretas, poco. Su contenido puede resumirse en tres ideas: 1) Los centros tienen que coordinarse con los demás (ayuntamientos y centros de salud sobre todo), 2) En general, se seguirá aplicando la normativa vigente y 3) Para lo sobrevenido, los centros elaborarán un “Protocolo COVID”. También dice que cada centro tendrá un “Coordinador COVID” con reducción horaria lectiva. 

Asimismo, se anuncia la incorporación de 6.300 profesores y 1.600 efectivos de personal de limpieza que, para primaria, lo pondrán los ayuntamientos. También se ha dicho que se “activarán” (no contratarán nuevas , sino que recargarán en su trabajo) 2.500 enfermeras de gestión COVID para el seguimiento de los centros. Estas cifras, que la Junta presenta como impresionantes, se desinflan cuando se analizan los datos. En efecto, en Andalucía hay más de 3.900 centros educativos. Luego en un reparto a grosso modo tocan por centro a 1,6 nuevos profesores, a 0,4 limpiadores y a 0,6 enfermeras. ¿Esto es el gran refuerzo “para garantizar una vuelta segura a la actividad educativa presencial”? Al menos, que no consideren que la gente es tonta. Lo que no sea más profesores y menor ratio son pamplinas. 

La realidad es que en las fechas en que se escribe este artículo nadie sabe nada, está cundiendo justificadamente el temor en las AMPAS (a pesar dela torpe amenaza de la Junta de aplicar el protocolo de absentismo, muchas madres y padres se plantean declararse insumisos) y las administraciones autonómicas, para escurrir el bulto, empiezan a pedir al gobierno central que sea él el que tome las decisiones (en particular las que criticaban al gobierno central por su “exceso de centralismo” durante el confinamiento) 

Tras años de recortes educativos, cuando llegan las situaciones especiales, como la pandemia, los refuerzos son pura fachada. Y lo peor: ¿Cómo pedimos a los jóvenes que no hagan lo de siempre (discotecas, botellones, fiestas…) si en los colegios e institutos los mantenemos como siempre? 

Distintos sectores educativos están planteando alternativas al comienzo sin más de la educación presencial como si no estuviese pasando nada y todo se resolviese con papeles, protocolos y nuevos puestos en el organigrama. Dichas alternativas pasan por una utilización racional y creativa de los tiempos (horarios) y espacios de los centros y, sobre todo, pasan por la contratación de más profesorado para favorecer la disminución de la ratio. Por su claridad nos parece particularmente atinada la propuesta de que la mayor parte de los dos mil millones del Fondo Covid-19 para educación se destinen de forma finalista por las comunidades autónomas a la contratación de profesorado para disminuir la ratio de alumnos por aula. 

Todo ello para evitar que el próximo curso se desarrolle en las tres fases que describe un meme que anda circulando por ahí: -Fase 1: Se abren los colegios, Fase 2: ¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios mío!, Fase 3: Se cierran los colegios-. 

Que no pase nada. 

21-Ag-2020.